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Miércoles 20 de septiembre de 2017

El Papa Francisco en Colombia, el abrazo a las víctimas de la violencia

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Francisco conversa con un grupo de mujeres, víctimas del conflicto colombiano (EFE)Francisco conversa con un grupo de mujeres, víctimas del conflicto colombiano (EFE)El Papa escuchó los testimonios de ex guerrilleros, militantes de los grupos paramilitares y de personas que perdieron casi todo y a quienes confortó.
En el momento más emotivo y medular de su viaje a Colombia, el Papa Francisco presidió este jueves un Gran Encuentro por la Reconciliación Nacional, durante el que escuchó sentidos testimonios de víctimas y victimarios de la violencia que azota a este país en el último medio siglo, quienes expresaron su disposición a perdonar, los unos, y su arrepentimiento por el daño hecho, los otros.

En esa línea se conoció una carta al Papa del máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño “Timochenko” en la que le pide que lo perdone por el dolor que su organización causó en más de medio siglo de violencia.

Desde una tarima levantada en el parque Las Malocas, en las afueras de la localidad de Villavicencio, en una de las regiones más castigadas por la guerrilla y el narcotráfico, Francisco formuló un enfático llamado a los colombianos a “no tener temor a pedir y ofrecer perdón”.

Junto al pontífice estaba la estremecedora imagen mutilada del Cristo de Bojayá, en el departamento de Chocó, que sufrió graves daños en 2002 cuando -producto de una bomba de las FARC- fueron masacradas 79 personas que se refugiaron en la iglesia escapando de un enfrentamiento entre el Ejército, los guerrilleros y los paramilitares.

A la hora de los testimonios, Deisy Sánchez Rey contó que a los 16 años fue reclutada por su hermano para las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia y por 3 años combatió, fue arrestada, pasó dos años en la cárcel y reincidió. Finalmente se desvinculó. “He comprendido aquello que ya sentía desde hacía tiempo, o sea que yo misma había sido una víctima y tenía necesidad de que me fuese concedida una oportunidad”, dijo. Señaló que, con el deseo de reparar su daño, estudió psicología y actualmente asiste a víctimas de la violencia y a adictos en recuperación.

Luego, Juan Carlos Murcia Perdomo, dijo que por 12 años estuvo en las FARC tras ser reclutado a los 16 años. Perdió su mano izquierda manipulando explosivos. “A pesar de que me enseñaron que el único verdadero Dios son las armas y el dinero, no perdí del todo la fe y Dios me hizo comprender que la violencia no es verdad y que debía salir de la selva más profunda, la de mi corazón esclavizado por el mal, si quería vivir feliz”, afirmó. Reveló que creó una fundación que a través del deporte busca que los jóvenes no sean reclutados para las armas y las drogas.

A su turno, Pastora Mira García contó que los guerrilleros mataron a su padre y a su primer marido, los paramilitares desaparecieron a su hija hasta que encontró su cadáver siete años después. Y que se puso a trabajar con víctimas de desaparición forzada, pero luego los paramilitares mataron a su hijo menor. Poco tiempo Narró que después atendió sin saberlo a uno de sus asesinos. Como signo, puso a los pies de la cruz de Bojayá la camisa de su hija.

Tras escuchar los testimonios, Francisco dijo: “¡Cuánto bien nos hace escuchar sus historias! Estoy conmovido. Son historias de sufrimiento y amargura, pero también y, sobre todo, son historias de amor y perdón que nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza o el dolor se apoderen de nuestro corazón”.

“También hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido. Es cierto que en esa regeneración moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse”, afirmó.

A una de ellas le dijo que se dio cuenta de que “no se puede vivir del rencor, te has dado cuenta de que no se puede vivir del rencor, de que sólo el amor libera y construye. Y de esta manera comenzaste a sanar también las heridas de otras víctimas, a reconstruir su dignidad”. Y concluyó: “la violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación”.

Finalmente, el Papa exclamó: “Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia”.
Clarín

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