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Domingo 22 de julio de 2018

Un espeluznante recorrido por las cárceles de Brasil: violencia sin fin

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Con más de 726 mil presos, el país tiene la tercera mayor población carcelaria del planeta. Un mundo sin Estado, donde el poder total lo ejercen los narcos.

Decenas de presos se amontonan en el pasillo de un penal de Brasil, formando una extensa fila que termina en una mesa servida prolijamente con 146 líneas de cocaína. Uno a uno, los reclusos las aspiran en medio de un clima de fiesta y ostentación.

Esas imágenes registradas con el celular de un interno y publicadas en las redes sociales son parte de una alucinante antología de videos difundidos en los primeros días de 2018, poco después del asesinato de nueve presos en una cárcel de Goias (centro) que volvió a sacar a la luz el descontrol del sistema penitenciario en Brasil.

El motín se desató el 1 de enero, exactamente un año después de la masacre de 56 internos en una prisión de Manaus, que inauguró un año regado de cadáveres en las cárceles.
Brasil tiene la tercera mayor población de presos del mundo: 726.712 internos, según los últimos datos oficiales de junio de 2016. Con edificios anacrónicos y súper poblados, escaso presupuesto y la mitad de los detenidos sin condena firme, el Estado fue perdiendo el control de los penales a manos de facciones de narcotraficantes.

Marcos Fuchs, director de la ONG Conectas, dedicada a velar por los derechos humanos, estima que el 75% de los centros de detención son manejados por el crimen organizado.
“Como el Estado no cuida a los presos, no cela por su salud y coloca más personas por unidad de las que debería, perdió el control. Y cuando se pierde el control aparece otro en paralelo”, dijo a la AFP.

“No hay escáneres corporales ni funcionarios entrenados, hay corrupción y tolerancia con celulares, alcohol y drogas. La consecuencia son esas imágenes hechas por los propios presos para que Brasil las vea”, añadió.

El ministro de Defensa, Raul Jungmann, reconoció el vacío de autoridad.
Y sabe de lo que habla. En 2017, el ejército incautó 10.882 armas en 31 prisiones que alojaban a 22.910 internos. Una por cada dos presos.
“La mitad de la población carcelaria está armada. Es un absurdo incomprensible que maximiza las masacres y la violencia”, señaló.

Durante esas requisas, en las cuales se usaron equipos de seguridad de los Juegos Olímpicos Rio 2016, fueron hallados casi 2000 celulares y narcóticos en abundancia.
Las masacres de 2017 dejaron más de 100 presos muertos por una guerra que libran al interior de los presidios de todo el país las bandas de narcos Primer Comando de la Capital (PCC), originaria de Sao Paulo, y Comando Vermelho, de Rio.

El 2018 también empezó teñido de sangre.
Los nueve internos asesinados en Goias agitaron el temor a otro frenesí de violencia, pero la crisis fue sofocada después de tres rebeliones. Clarín

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