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Lunes 10 de diciembre de 2018

La más impactante aparición en el mapa del poder argentino

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Plan de carrera, capacitación, disciplina y determinación para llevarlo a cabo. Son atributos que el mundo corporativo valora a la hora de evaluar sus recursos con potencial gerencial.
En cambio, no son conceptos que hayan incluido los manuales de la práctica política local. Deberán hacerlo. Son aptitudes que definen en gran medida a la más impactante e inesperada aparición en el mapa del poder argentino, María Eugenia Vidal.

Discípula dilecta y luego socia del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, siempre tuvo claras, y no las ocultaba ni las disimulaba, sus aspiraciones de acceder a los máximos cargos ejecutivos de la política, al mismo tiempo que empatizaba con sectores sociales ajenos al macrismo y le disputaba territorio al kirchnerismo.

Apenas asomaba como una dedicada ministra de Desarrollo Social en el primer gobierno porteño de Mauricio Macri, al que nadie le adjudicaba ninguna sensibilidad por esa materia, cuando ya admitía que su objetivo era algún día suceder a su líder. Impensable en ese tiempo y en ese espacio.

Nadie hubiera imaginado ni siquiera cuando ya había llegado en 2011 a la vicejefatura de la Ciudad de Buenos Aires que cuatro años después daría la más imprevista de las sorpresas electorales. Que Vidal se convirtiera en gobernadora de la provincia alambrada durante 28 años por el peronismo parecía ciencia ficción. No para ella ni para su jefe y el super escuchado Jaime Durán Barba.

Su apuesta, tan audaz como disruptiva, cambió el mapa político nacional. De no haber sido por su triunfo, que en buena medida debe -es cierto- a otro de los proverbiales desaciertos electorales de Cristina Kirchner, es posible que Cambiemos no lograra gobernar el país, aunque Macri ganara la Presidencia.
Plan de carrera, disciplina, capacitación y determinación para llevarlo a cabo. Bien Pro.

En la campaña puso en evidencia esos atributos y los ejercitó en los dos años que lleva de Gobierno, con una voluntad que ni siquiera la decisión de terminar con su matrimonio apenas tres meses después de haber asumido alteró. La campaña para llegar a la gobernación significó un quiebre en muchas cosas, pero sobre todo determinó cómo y con quiénes gobernaría y quiénes no tendrían lugar.

En las dos vueltas a la provincia para instalar su candidatura fraguó un vínculo sólido con su hoy jefe de Gabinete y hombre fuerte del gobierno, Federico Salvai. Decidieron entonces ir contra todos los que en Cambiemos, pero sobre todo dentro del Pro, opinaban que la candidata debía bajarse y que Macri tenía que hacer una alianza y postular a Sergio Massa.

La provincia hoy es suya y de los suyos, así funciona, así gobierna y así construye, con una alianza indisoluble con Rodríguez Larreta al otro lado de la General Paz y, sobre todo, una subordinación total a Macri y, por carácter transitivo, a Marcos Peña, aunque todos saben (y ella más que nadie) que el cada vez más poderoso jefe de Gabinete puede ser el gran adversario a la hora de coronar su plan de carrera.

Dirigentes del Pro de pura sangre bonaerense, arraigo territorial y experiencia en la política provincial padecen la barrera de frío que desde La Plata les valla el acceso al distrito.

En caso de dudas, preguntar al presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y a todos sus aliados. Para ellos el Riachuelo es el Rubicón, a pesar de los espacios de poder que ocupan en la Nación.

Con su perfil cálido y su rigor a la hora de conducir, lo que valoran electores y reconocen (también, a veces, padecen) colaboradores, Vidal es hoy la política con mejor imagen de la Argentina, inmune al efecto de políticas nacionales que han golpeado en las encuestas a su jefe máximo.

Inmune también a la falta de resultados suficientes en cuestiones tan sensibles y demandadas como la seguridad o la escasa dedicación prestada a reclamos centrales de la hora, como la cuestión de género.

En el gobierno bonaerense ella es la única mujer; su vicegobernador y todos sus ministros son varones y no se conocen especiales políticas igualitarias. Nada que la afecte.

Las obras públicas, la pelea dada a la Nación por los recursos bonaerenses, el ordenamiento de una administración desquiciada, la cercanía con la sociedad en general, la consolidación de su imagen enfrentada a algunos de los lados oscuros de la política, la policía y otros poderes fácticos de la provincia, son las bases sobre las que va consolidando su poder.

Después de más de 40 años en los que el distrito más rico del país solo se ha empobrecido, pese a miles de anuncios grandilocuentes sucesivamente incumplidos, su promesa (modesta) de dejar una provincia viable y la percepción de que trabaja en consecuencia, pagan.

Por Claudio Jacquelin

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