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Lunes 18 de junio de 2018

La economía de mercado y los mercados ilegales

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Desde antiguo los mercados eran caracterizados como un “sitio” donde se reunían productores que llevaban su mercadería para la venta y compradores dispuestos a pagar por esos productos.
El precio lo determinaba la oferta y la demanda y así, habitualmente, se realizaban los encuentros y las operaciones. Los mercados de capitales aparecieron mucho después y las bolsas a comienzo del siglo pasado.

Desde luego que en el proceso histórico los mercados y el intercambio comercial y financiero dieron un salto impresionante con la revolución industrial ocurrida en Gran Bretaña y expandida al resto de los países europeos y a los Estados Unidos de Norteamérica.

El lugar, que más adelante es suplido en parte por las comunicaciones telefónicas o por cable hoy, es reemplazado por los espacios virtuales y las transacciones que requerían el movimiento físico de activos hoy se reduce a un intercambio por cable o vía internet gracias a la tecnología y en pocos segundos se formalizan las operaciones.

Sin embargo, pese a los cambios habidos en la estructura y funcionamiento permanecen como elementos constituyentes de todo ente llamado mercado los siguientes: a) la provisión social de necesidades; b) la normalización del comportamiento de los que participan de la misma y c) la objetivación cultural.

Solo metafóricamente se dota a los mercados de voluntad o se los compara con organismos vivos. Por eso mismo dijimos en una nota anterior que es un eufemismo hablar de libertad de mercado. La denominada “libertad de mercado” no es más ni menos que la libertad de las personas que conducen u operan los mercados. Es decir que gobiernan los movimientos comerciales -el ingreso de mercadería, los precios, la calidad de las mismas, el direccionamiento de la oferta e influyen sobre la demanda.

Influyen sobre los consumidores porque la competencia y la misma necesidad de expansión exige la incesante captación de voluntades a fin de vender más. Y en este punto la psicología social y la publicidad han avanzado notablemente para influir en los seres humanos, es decir, conformar sus gustos, deseos y necesidades (su subjetividad).

Pero volviendo al mercado como institución que es gobernada por personas físicas, la responsabilidad de lo que acontece en la economía, no es del mercado sino de los “operadores de los mercados”. Y desde luego también y al mismo tiempo es responsabilidad de quien gobierna el Estado.

No vamos a referirnos a los mercados financieros tan de moda últimamente. Sí en cambio a un fenómeno de nuestra época y de nuestro país que es el que ocurre cuando intercambios de comercio ilegal se pretenden legalizar transformando su estructura mafiosa y un comercio considerado dañino en la estructura de un mercado institucional y en una actividad permitida por la ley.

Y en el afán de transformar esos comercios ilegales en mercados es que los mercaderes hacen campañas de marketing, fomentan una objetivación cultural de esas necesidades y ejercen presiones a fin de normalizar dicho comportamiento.

Con un claro afán de lucro. Y esto mismo es lo que está ocurriendo con la producción y consumo de drogas ilegales y con la comercialización de embriones que es una derivación de la legalización del aborto.

El comercio de la marihuana -desde las olas de contrabando cuyas vías y medios de transporte, centros de concentración y distribución en la Argentina todos conocemos -llega en camiones o por vía marítima de los centros de producción de la república del Paraguay con destino a puertos internacionales o por tierra a las villas del Gran Buenos Aires. Es un ámbito similar al mercado pero carece de la normalización del comportamiento. Hay códigos pero no hay leyes.

La ilegalidad le priva de uno de los elementos constituyentes del mercado. Lo que hay en común es una estructura, sujetos que lo manejan y consumidores que demandan la mercancía.

Ahora bien, sería pueril pensar que el debate sobre la despenalización de la producción, comercialización y consumo de la marihuana que se da en la Argentina y otros países, o la legalización del aborto responden a iniciativas de mentes confundidas por el humo de un “porro”, o políticos locales queriendo captar votos “progresistas”, sin advertir que detrás de esas conductas están los intereses de los dueños de las empresas multinacionales y la expansión de esos mercados legalizados en países centrales.

Conocidos laboratorios en el caso del comercio de embriones, o de las multinacionales que cultivan cannabis sativa donde se ha legalizado este tipo de cultivos. Grupos empresarios que operan sólo como expresión de las tecno estructuras que se mueven en función de intereses propios personales y de grandes grupos, sin fidelidad a ninguna nación o Estado.

Muy lejos del bien común y de la paz social. La razón que impulsa esas iniciativas es simple: la comercialización de la marihuana legalizada será sin duda uno de los más importantes mercados de commodities del planeta. Y otro tanto ocurre con el mercado de embriones.


Por Hernán Bernasconi

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