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Domingo 15 de julio de 2018

Si no modificamos la legislación, van a seguir imperando muertes clandestinas

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Estoy seguro de que la gran mayoría de diputados y diputadas la primera vez que ingresaron al Congreso lo hicieron con la voluntad de mejorar nuestro país, de cambiar las cosas para bien.
Yo sentí eso y lo sigo sintiendo. También estoy seguro de que muchos encontramos sentido a nuestro rol, cada cual con sus convicciones, en el deseo latente de mejorar las cosas cada día.

El 13 de junio se va a votar si la interrupción voluntaria del embarazo seguirá siendo practicada en la clandestinidad, con el riesgo y las muertes que ello implica, o si, por el contrario, decidimos honrar estas bancas, haciendo legal una práctica cotidiana que tendría que hacerse sin riesgos.

Sí, una práctica cotidiana que se realiza en todo el país y en todas las clases sociales. Todos los días se realizan abortos clandestinos en la Argentina. Las mujeres no nos preguntan ni van a preguntarnos. Deciden sobre cuerpo, deciden sobre sus vidas.

Nadie nos está pidiendo que cambiemos de parecer respecto de cómo reaccionaríamos ante esta situación en nuestra vida privada, porque hay que respetar las creencias y las opiniones de todos. Pero esta no es una discusión sobre opiniones y creencias. La ley que se debate se refiere a una práctica que ya realizan miles de mujeres por año: aquí se discute si las vamos a seguir criminalizando, con alta posibilidad de condena a muerte, o no.

No podemos negar que el aborto existe, que no ha parado de crecer y que la prohibición no redujo su práctica sino que la aumentó en cantidad y, por tanto, en riesgos para la vida de las mujeres argentinas.

¿Vamos a seguir sosteniendo una legislación que fracasó, aun sabiendo que hay miles de mujeres con sus vidas en juego? ¿Vamos a hacernos los tontos con la responsabilidad que tenemos como parte del Estado en el fracaso de las políticas públicas sobre salud sexual y reproducción? Creo que es tiempo de hacernos cargo y corregir nuestros errores.

Seremos nosotros los responsables de la muerte de miles de mujeres a partir de la afirmativa o la negativa a esta ley.

Durante los últimos meses, todos hemos sufrido distintos tipos de presiones. Pero no estamos aquí gracias a quienes las ejercen. Aquí nos puso el voto popular y es al pueblo a quien tenemos que escuchar. En este caso, a las mujeres que pelean en un clamor que viene creciendo desde hace décadas.

Esta no es una ley más, es una iniciativa a la que cientos de miles de mujeres le pusieron el cuerpo en la calle, en los medios, en todas las instituciones a lo largo y ancho del país, pero el ojo de la tormenta está acá, en el Congreso. ¿Vamos a negarnos a escucharlas? ¿Nuestra creencia personal va a pesar más que estas voces que no paran de multiplicarse?

Para que nuestro paso por el Parlamento tenga sentido, tenemos que contribuir a iniciativas que mejoren y que reparen la vida de las personas. Votemos a favor de la legalización y la vida, porque si no modificamos la legislación, lo que va a seguir imperando son estas muertes clandestinas.
La historia va a recordar lo que votamos.

Por Leonardo Grosso

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