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Domingo 15 de julio de 2018

No hay feriado gratis

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Recientemente hemos presentado un proyecto para derogar la ley que establece un día de asueto para los empleados de la administración pública provincial porque entendemos que la tan declamada cultura del trabajo que pregonamos debe promoverse por todos los medios y mediante iniciativas concretas.

Dicho feriado se acumula al universal Día Internacional de los Trabajadores, comprensivo de todos los trabajadores, públicos y privados. Además se suma a los restantes feriados nacionales y generales que, por su cantidad, nos colocan como uno de los países con más feriados del mundo.

Finalmente, a este recuento hay que añadir los días de asueto otorgados a los empleados del Estado provincial que se conceden al personal del organismo en el que presta servicios.

Así, tenemos que diversas leyes y decretos provinciales establecen, entre otros, el Día del Trabajador de la Salud, del Empleado Público Provincial Agrario, del Empleado de la Gobernación, del Empleado del Ministerio de Gobierno, del Empleado del Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA), del Empleado del Ministerio de Economía, del Empleado de la Agencia de Recaudación (ARBA), del Empleado del Ministerio de Justicia y Seguridad, del Empleado del Instituto Provincial de Lotería y Casino, del Empleado del Consejo Provincial de la Mujer, del Empleado del Ministerio de Trabajo, del Empleado Público de la Producción, del Empleado de Acción Social y Minoridad, del Empleado del Ministerio de Obras y Servicios Públicos, del Empleado de Previsión Social, del Trabajador Judicial, del Trabajador de la Legislatura, del Empleado Municipal, del Bibliotecario, del Maestro, etcétera.

Todas estas fechas, que no agotan la totalidad de los casos, son no laborables para los dependientes de los respectivos organismos. Y los que no tienen una fecha puntual establecida normalmente caen en viernes o lunes.

A todo ello cabe agregar los feriados locales que corresponden a la fundación del partido o localidad y muchas veces a la fiesta patronal, feriados que en algunos casos se extienden a empleados provinciales como ocurre con el Poder Judicial, que, además de contar con un mes y medio de feria al año y el Día del Trabajador Judicial, tiene uno o dos asuetos adicionales en cada ciudad.

El feriado que proponemos derogar genera una situación especialmente irritante en materia educativa, porque los establecimientos educativos de gestión privada, lógicamente, no se encuentran alcanzados por la norma, lo que significa que por ley les quitamos días de clases a los alumnos de la escuela pública, en detrimento de la privada.

Vivimos declamando la cultura del trabajo, pero multiplicamos alegremente feriados, asuetos, descansos y jornadas no laborables de toda clase.
Vivimos rasgándonos las vestiduras por la educación pública pero, por ley, les damos a sus alumnos menos días de clases que a los de la educación privada.
Vivimos proclamando la necesidad de una Justicia eficiente y rápida, pero mantenemos las arcaicas y extensas ferias judiciales, a las que les agregamos livianamente feriados de toda clase.

Vivimos pregonando la defensa del castigado contribuyente, pero alegremente le agregamos a su carga los costos de todas las jornadas no laborales. Sabido es que nada es gratis y eso incluye a los feriados.

Parafraseando al Premio Nobel de Economía Milton Friedman, no hay tal cosa como un feriado gratis. Indefectiblemente de alguna manera alguien lo paga.

Hay un costo económico cuando se solventa con impuestos un día que no se trabaja, hay un costo educativo cuando se pierde un día de clases, hay un costo judicial cuando se pierde un día de tribunales, hay un costo sanitario cuando se pierde un día de atención de la salud y hay, en general, una pérdida de calidad de vida para la ciudadanía.

La creación de feriados, asuetos, jornadas no laborables o días de descanso debe ser por regla excepcional y restrictiva, mucho más cuando sus destinatarios son los agentes públicos, debido a que en ese caso afectan la normal prestación de servicios públicos, en claro perjuicio del mismo contribuyente que con sus impuestos solventa el día libre de quienes debieran servirle.

El otorgamiento irresponsable de días no laborables en el Estado es una prueba evidente de demagogia, propia de una dirigencia que ha dispuesto de recursos públicos como si fueran gratuitos e ilimitados.

Por Guillermo Castello

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