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Lunes 10 de diciembre de 2018

Madre Nazaria Ignacia: el llamado de Dios y la vocación de servir

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Madre Nazaria Ignacia: el llamado  de Dios y la vocación de servirMadre Nazaria Ignacia: el llamado de Dios y la vocación de servirA la edad de 9 años hizo la Primera Comunión y fue entonces cuando sintió la primera llamada del Señor.

A la edad de 9 años hizo la Primera Comunión y fue entonces cuando sintió la primera llamada del Señor: “Tú Nazaria, sígueme”. A la que Nazaria repondió: “Te seguiré, Jesús, lo más cerca que pueda una humana criatura”.

Pasando los años, esta llamada se hacía más fuerte, al mismo tiempo que Nazaria quería ser libre, vivir y gozar de su juventud. No obstante, fue generosa y dijo ¡Sí!

La familia pasó serias dificultades económicas y Nazaria Ignacia, solidaria con los suyos, buscó modos de ayuda aún a costa de su propia humillación. Por motivos económicos, la familia, March Mesa, tuvo que trasladarse a México.

En el mismo barco en que viajaban, iba también un grupo de Hermanitas de los Ancianos Desamparados, coincidencia que posteriormente la determinó a ingresar con ellas en 1908.

Regresa a España para iniciar su Noviciado y en 1912 es destinada junto con 9 compañeras, para una fundación en Oruro-Bolivia. Durante más de 12 años formó parte de la comunidad de Hermanitas, dedicada con todo fervor a las obras de caridad propias de su Instituto, estando al cuidado inmediato de los ancianos, viendo en ellos los miembros doloridos del cuerpo de Cristo. Salió también a recorrer otras ciudades, pueblos y minas postulando limosnas para sus ancianitos. Allí de manera especial, sintió que “la mies era mucha y pocos los operarios” (Lc. 10,2); que el clamor de los pobres subía al cielo y esperaba una respuesta comprometida.

En los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, en el año 1920, en la meditación del Reino, ve plasmados sus ideales de trabajar con todas su fuerzas por la unión y extensión del Reino de Cristo, comprendiendo que sola poco podía hacer, sintió inmensos deseos de agrupar a otras personas “Bajo el estandarte de la Cruz”, concibiendo la Congregación religiosa como “una cruzada de amor en torno a la Iglesia”.

En 1920, acompañando a la Religiosas del Buen Pastor que buscaban casa para fundar en Oruro, llegó al Beaterio de las Nazarenas (antigua propiedad de los jesuitas, expatriados en 1767), sintió gran repugnancia interior y deseos de salir pronto, por su aspecto de miserable abandono. Allí en el templo, sintió que Jesús Nazareno le decía: “Nazaria, tú serás fundadora y esta casa tu primer convento”. Durante unos años más, luchó contra sus ansias de dar la vida por la predicación del Evangelio y su particular intuición del misterio de la Iglesia, la fue guiando hasta formar una nueva familia eclesial.

Las circunstancias históricas y ambientales del nacimiento en Bolivia de nuevas iglesias locales con escasez de sacerdotes y ausencia de Congregaciones religiosas nativas; la presencia de sectas enfrentadas con la Iglesia Católica y, la dura realidad económica, política y social del país, la motivaron a dar una respuesta audaz.

Mons. Antezana, primer Obispo de Oruro; Mons. Sieffert, Obispo de la Paz y Mons. Cortesi, Internuncio Apostólico en Bolivia, vieron en todo ello, la acción del Espíritu y alentándola, apoyaron este nuevo brote de vida en la Iglesia.

El 16 de junio de 1925, Nazaria sale de las Hermanitas, para iniciar en el Beaterio la fundación de la nueva Congregación, con un capital de 40 centavos entregados por la ex-abadesa de las Nazarenas. Diez jóvenes bolivianas de distintos lugares fueron sus primeras compañeras. Con ellas se iniciaron las primeras obras misionales en las minas: Uncía entre otras; en el campo: Toledo, Condo, Challapata y Poopó.

El 12 de febrero de 1927, se declara erigida canónicamente la Congregación religiosa diocesana de las Hermanas Misioneras de la Cruzada Pontificia, “hija primeriza, tierna, legítima de la Iglesia boliviana”, en palabras del Obispo, Mons. Antezana.

El 8 de junio de 1935, la Congregación recibe el Decreto laudatorio y así ésta, pasa a ser de Derecho Pontificio. El día 9 de junio de 1947, el Instituto recibió la aprobación definitiva de las Constituciones y el nombre de Misioneras Cruzadas de la Iglesia, ya muerta Nazaria Ignacia.

Según las Constituciones, escritas por la Madre Nazaria Ignacia, “El Instituto de las Misioneras de la Cruzada Pontificia, tiende a realizar la acción social de la mujer, con la mayor perfección posible y tiene por fin especial la difusión del catecismo entre niños y adultos y quiere como distintivo característico suyo, ser reconocido por su particular unión con el Santo Padre”

La Madre dirá también: “Que en amar, obedecer y cooperar con la Iglesia en su obra de predicar el Evangelio a toda criatura, está nuestra vida, el ser lo que somos”. “Este es nuestro espíritu: guerrero, fiel, nada de cobardías, todos amores, amor sobre todo a Cristo y en Cristo a todos. Repartirse entre los pobres, animar a los tristes, dar la mano a los caídos; enseñar a los hijos del pueblo, partir su pan con ellos, en fin, dar toda su vida, su ser entero por Cristo, la Iglesia y las almas”

Y es así como, en fidelidad a su iglesia, a su pueblo y a su tiempo, las “pontificias”, con el carisma, impulso y vida de la M. Nazaria Ignacia, atendían en Oruro a niñas abandonadas, visitan a los presos, catequizaban en las parroquias y en los cuarteles, preparaban las visitas pastorales en las minas y en los campos.

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