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Domingo 21 de abril de 2019

Carbohidratos y grasas trans, la estafa del siglo

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La mayor parte de las personas buscan productos bajos en grasas en el supermercado.La mayor parte de las personas buscan productos bajos en grasas en el supermercado.Como la mayoría de las personas, en algún momento de nuestras vidas hemos consumido más margarina que manteca; nos sentimos mal por comer un plato de asado, huevos con yema o una picada; y nos inclinamos por elegir productos “bajos en grasa”. No nos culpo de haber tomado esas decisiones, todos somos miembros de la misma sociedad que confía en que los “expertos” nos digan que es bueno y que es malo para nuestra salud. 
Constantemente recibimos información, descubrimientos en la salud que aún no han sido completamente decifrados o no demostrados pero siempre se encuentra presente la ridícula cantidad de dinero que fue destinado a estos “descubrimientos” como para endulzar nuestro tan incompleto plato.

Basta con remontarse a los tiempos en los que, por ejemplo, los médicos consideraban que fumar era sano. Y este tipo de desconocimiento se extendió de forma mucho más sutil en el mundo de la alimentación. Por desgracia, mucha de esa ignorancia prevalece hoy en día.
 
La famosa denominada “hipótesis de lípidos” es la piedra angular del mercado nutricional.
 
Según esta hipótesis, la grasa animal saturada aumenta los niveles de colesterol en la sangre, lo cual hacer que se acumulen en las arterias depósitos de colesterol y de otras grasas en forma de placas. Como era de esperar, esto motivó a los gobiernos a hacer algo al respecto, por lo que a mediados de los 70, los comités de nutrición y necesidades humanas junto con tantas entidades que solo pretendían lucrar, lanzaron “metas nutricionales”.

Claramente su objetivo era disminuir la ingesta de grasas y evitar los alimentos altos en colesterol, siendo las peores vistas las grasas saturadas “tapa arterias”, así que el consumo de carne, leche, huevos, manteca, queso y aceites tropicales, como el aceite de coco y de palma, disminuyó drásticamente.
 
Esta situación también incentivó a la industria farmacéutica para invertir millones de dólares en la investigación y el desarrollo de medicamentos hipolipemiantes.
 
A su vez, también las autoridades sanitarias empezaron a advertir a la población de que debía reemplazar las grasas “malas” por carbohidratos y aceites vegetales poliinsaturados y procesados, entre ellos los de soja, maíz, algodón, canola, girasol, etc. Los restaurantes de comida rápida también se vieron beneficiados por esto y a mediados de los ochenta, pasaron de usar grasa de carne y aceite de palma a freír los alimentos en aceite vegetal parcialmente hidrogenados (grasas trans).
 
A partir de esta aún no comprobada hipótesis se formó la famosa pirámide nutricional (más bien pirámide financiera para entidades corrompidas), transmitiendo la idea de que “la grasa es mala” y “los carbohidratos son buenos”. El plato que aconsejan para una dieta equilibrada no contiene grasas en absoluto, lo que hace que para los consumidores resulte muy confuso encajar las grasas (y saber cuales).
 
Cambiemos la perspectiva, o mejor aún, veamos la realidad.
 
Desde esta perspectiva sin beneficios económicos ni sobornos a ciertas entidades, las grasas saturadas y TCM (triglicéridos de cadena media) no son las culpables de las apoplejías, cardiopatías y demás enfermedades crónicas, entonces…
 
¿Quiénes son los culpables?
 
Si quitamos a la grasa saturada, TCM, proteínas, verduras con fibra que estimulen el bioma intestinal y frutas altas en antioxidantes… quedan pocos culpables, entre ellos los carbohidratos, las frutas con alto contenido de fructosa, verduras con altos niveles de almidón (tubérculos) y las grasas trans, proveniente de los aceites vegetales ya mencionados anteriormente y también en anteriores artículos.
 
Antes que nada, quiero hacer hincapié en las grasas de las que por tanto tiempo trataron de alejarnos; las grasas saturadas de origen animal tanto como los aceites TCM son alimentos superiores, los cuales el cuerpo humano está programado genéticamente para utilizar como fuente de energía más tarde en forma de cuerpos cetónicos, pero eso es algo que se mencionará en futuros artículos.
 
Estas grasas (no trans) aportan grandes beneficios:
 
La vitamina A que es esencial para mantener equilibrados los niveles de colesterol.
Muchos antioxidantes como por ejemplo la vitamina E
Ácido linoléico conjugado, el denominado “agente anti-cáncer” que protege a los músculos de la sarcopenia y aumenta la inmunidad.
Aportan cantidades importantes de la hormona vitamina D, promueven la reducción de apetito por su más lenta digestión y promueven a la pérdida de grasa, tema que también estaré desarrollando en futuros artículos. 
 
Mejoran la función cognitiva y neurológica, ya que el cerebro está hecho de pura grasa, por lo tanto la prefiere.
Aumenta los niveles de energía.
Mejoran la función mitocondrial (ya que la grasa va directamente a la mitocondria y no al citosol, como la glucosa) estableciendo una conexión más directa con la energía y previene a su vez, enfermedades como el cáncer, diabetes, enfermedades cardíacas, enfermedades autoinmunes y epilepsia.
Regulan las hormonas.
 
Teniendo en cuenta toda esta información, ¿por qué la grasa está mal vista?
Como menciona el artículo, a mediados de los 70’ se apalancó ridículamente la manera de lucrar con la salud de las personas, tirándolas en un circulo vicioso de consumo interminable (mala alimentación, visitas a nutriólogos, médicos, recetas, tratamientos, fármacos…) y a su vez, se hizo un descubrimiento gigante.
 
Se descubrió que las grasas trans eran las culpables de todas estas aploplejías, cardiopatías, enfermedades crónicas y demás. Lo que pasó fue que, en una época de tantos nuevos descubrimientos entre médicos y científicos recelosos, metieron a todas las grasas en la misma bolsa para así tener una información más “enriquecedora” desatando así, la famosa e indecifrada “hipótesis de lípidos”.
 
Ignacio P. Dalbies

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Comentarios (1)add
Si yo todo ago chiriri
Escrito por doña chancla , 03 de febrero de 2019, 13:41 hs.
A mi me gusta loo la grasa,memè a la mañana desalluno chinchulin y tripa gorda hervida, al medio dìa milanesa de chancho frito con guevo frito y a la noche senamo la sobra recalentado
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