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Martes 15 de octubre de 2019

Mauricio Macri, Alberto Fernández y que el debate le gane a la silla vacía

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Si Alberto Fernández le dieran a elegir un deseo, el candidato más votado en las PASO tiene muy claro lo que tendría que pedir. Que el tiempo se congele. Que los próximos meses transcurran en un par de segundos y que llegue de inmediato el 10 de diciembre.
Y no sólo eso. Que el mismo resultado que obtuvo el 11 de agosto se haya repetido en las elecciones del 27 de octubre. Que el dólar valga lo mismo que hoy y que las reservas del Banco Central no hayan descendido más del nivel que tienen esta semana. No hay genio que pueda concedérselo.

Todo eso querría Alberto Fernández, pero no es posible. Los deseos con fantasías no se cumplen en la Argentina y mucho menos en tiempo de elecciones, crisis económica e incertidumbre sobre el futuro. Todo lo contrario. Este jueves, por ejemplo, sus delegados deberán firmar el compromiso formal con los delegados de Mauricio Macri, los de Roberto Lavagna, Nicolás Del Caño, José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión. Los seis se han comprometido a participar del debate presidencial y el que no cumpla lo firmado perderá todo el dinero que el presupuesto le asigna a los candidatos. Así lo estipula la ley.
El tema es que Fernández preferiría no debatir.

Como todo candidato que marcha primero en las encuestas, y mucho más si ha triunfado por paliza en las PASO, considera que el partido está terminado y que cualquier imprevisto podría complicarlo. La historia argentina ya sabe de estas cuestiones. En 1989, Carlos Menem no se presentó a debatir con el radical Eduardo Angeloz, al que aventajaba en los sondeos y luego derrotó.

El cordobés lo esperó en vano en el programa que conducía Bernardo Neustadt en una épica teatral que se popularizó como “la silla vacía”.Algún audaz del equipo de Fernández le ha hecho llegar al Gobierno el mensaje sobre la conveniencia de no debatir ni el 13 de octubre en la Universidad del Litoral en Santa Fe, ni una semana después en la Facultad de Derecho en Buenos Aires.

La imagen que plantean es inquietante. ¿Qué pasaría si el Presidente es vapuleado en la discusión por la economía? ¿Cómo reaccionarían los mercados al día siguiente? Los colaboradores de Mauricio Macri no se inmutan. “Vamos a debatir”, es la respuesta que se escucha hasta ahora. Recuerdan que ya debatió en cinco oportunidades y lo ven como una de las pocas oportunidades que le quedan para revertir la historia.

El único que se animó a hablar públicamente de la cuestión fue Daniel Scioli. “Creo que hay que repensar la utilidad del debate por la fragilidad de la situación económica y social”, jugó su carta en una entrevista con el diario La Capital el diputado peronista, quien conoce perfectamente el tema.
Por Fernando Gonzalez

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