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Martes 11 de agosto de 2020

La vieja coartada de la “confabulación” mundial

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La vieja coartada de la  “confabulación” mundialLa vieja coartada de la “confabulación” mundialLos argentinos estamos condenados al éxito”, dijo Duhalde hace años: la condena tarda en llegar.

Es seguro que ni el Príncipe saudí Mohamed bin Salmán ni el presidente ruso Vladímir Putin estuvieran pensando en cómo perjudicar a la Argentina cuando discutían el precio del petróleo.

El saudita, que está sospechado entre otras cosas de haber permitido que su consulado en Estambul se convirtiera en una carnicería humana, dispuso bajar 30% el precio del petróleo porque no se puso de acuerdo con Rusia.

Putin, por su parte, estaba planeando cómo quedarse hasta el ¡2036! en el poder. A ninguno de los dos se le derramó una lágrima por los argentinos.

Todo esto en medio de la pandemia de coronavirus que conmociona y altera al mundo profundamente. Ni el premier italiano ni el presidente español ni, tampoco, el jefe de la Casa Blanca, entre otros, se quejaron de que el mundo se les había puesto en contra.

En cambio, Alberto Fernández cree que las condiciones mundiales -caída abrupta del precio del petróleo, derrumbe de las bolsas por el coronavirus- confluyeron para perjudicar a nuestro país.

Veamos lo que dijo a Canal 9: “Creo que poco a poco las cosas van a ir saliendo, pero pareciera que el mundo se confabula para hacer más difícil nuestra salida”.

Alberto ve las cosas desde sus urgencias. Habrá dicho algo así como ¡para colmo parió mi abuela! cuando se enteró consternado el lunes por la mañana de que toda la economía mundial rechinaba mientras se iba para abajo por la irrefrenable expansión del virus y el jueguito entre Mohamed y Putin.

Siempre la confabulación mundial, aún en el sentido metafórico y localista que le dio el Presidente, es una excelente excusa -o coartada- para liberarse de culpa. Cuando no es la FIFA con el arbitraje que nos privó de un Mundial, es el VAR que nos eliminó de la Copa América o es un acuerdo macabro en el que todos coinciden para perjudicarnos.

Todavía tiene vigencia aquel famoso apotegma de Eduardo Duhalde: “Los argentinos estamos condenado al éxito”.
Pues parece que la condena tarda demasiado en llegar, si es que algún día se le ocurre cumplir con aquella profecía.

El Gobierno dispuso dificultar la importación de petróleo, que ahora está a un precio más bajo que el local. El objetivo declarado es defender la producción nacional.

La pregunta es si esa importación a precios más bajos no provocaría una caída de los precios del combustible internamente. La nafta, por ejemplo, tendría que bajar y ayudaría a contener la inflación. Eso es en teoría, porque en la Argentina casi no se cumple ni la ley de gravedad de Newton. Porque ¿cuánto y cuándo bajaron los precios cuando bajó el dólar?

La energía es siempre un costo alto en casi cualquier producción. Pero a la vez hay necesidades internas que hay que atender de las provincias petroleras y de la propia YPF, y todavía queda por resolver el gran interrogante que es Vaca Muerta, interrogante tan grande como lo es el arreglo de la postergación del pago de la deuda externa. En ambos, todavía no hay respuesta.

Esto del precio del petróleo y de la globalización sirve, además, para refrescar la elemental idea, que algunos todavía pretenden negar, de que querámoslo o no, estamos sometidos a tensiones globales en las que no hay control local.

No se puede estar siempre en “cuarentena” con el mundo, y el mundo no está contra Argentina.



Por Ricardo Kirschbaum

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