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Miércoles 23 de enero de 2019
Viento Norte

Viento norte

Miércoles, 23 de Enero de 2019 00:00

Con el inicio de 2019 y los primeros movimientos políticos por las candidaturas presidenciales, más las fechas electorales de los comicios locales, se abrieron los interrogantes de siempre y que son recurrentes con cada elección nacional: ¿la economía jugará a favor o en contra del oficialismo? ¿Cuánto margen tiene el Gobierno para inflar la actividad en los meses previos a la elección? ¿Cuánto acompañará la sociedad al macrismo si aparece una recuperación económica? La historia reciente de la Argentina indica que los oficialismos ganan en períodos de bonanza y pierden con las debacles inflacionarias y económicas. Regiría según alguna de estas teorías una suerte de regla “economicista” en donde el resto de las variables políticas poco y nada tienen que hacer.
 
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La novedad en esta elección de 2019 es el espacio mínimo que tiene el oficialismo para incentivar la demanda con fines electorales y la vigencia de un programa económico inédito por su dureza monetaria y fiscal, motorizada por el Fondo Monetario Internacional. El garante final de que el país no recaiga en otro default de su deuda y en una crisis aún más profunda. La segunda novedad es que la restricción alcanza a la oposición: el peronismo no K que aspira a competir en las presidenciales, es cada vez más consciente que de ganar, deberá continuar con el paragüas del Fondo Monetario y las políticas de disciplina fiscal. Los desequilibrios económicos son muy grandes y llevan décadas solucionarlos: imposibles de resolver en poco tiempo y por la magia electoral de cambiar los colores partidarios de los gerentes o políticos del Estado.
 
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Un tercer elemento debería suponer un cambio cultural más ambicioso de la sociedad y la clase política. El programa con el Fondo Monetario está
dirigido a quebrar la inercia inflacionaria del país, que lleva muchas décadas. Y más allá de los gustos, costos sociales y críticas razonables, debería estabilizar la economía, alineando los precios relativos locales con los internacionales y llegar al equilibrio fiscal.
De cualquier modo, esa meta es apenas un primer paso: para revertir el escenario de largo estancamiento de la Argentina es inevitable reorganizar la economía y generar incentivos para la inversión y el empleo productivo. Otra etapa de estabilidad basada en la represión de precio como las tarifas, el dólar y subsidios indiscriminados repetirá la experiencia del pasado, con más estancamiento.
 
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El estudio supone que la actual recesión podría alcanzar un piso en los primeros tres meses de este año y luego habría una recuperación lenta. Y que también habría una reducción gradual de la inflación. Una proyección que es bastante aceptada por el mercado y los especialistas. Bajo esos supuestos, el estudio sostiene que la economía estaría mejor que en la mayoría de los períodos en donde perdió el oficialismo en los últimos
años, pero peor en todos aquellos en donde resultó ganador.
 
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Una situación intermedia que abre más interrogantes sobre como jugaría la economía en las presidenciales. Estaría en mejor forma que en el 2001, el 2009 y el 2013, en los cuales el oficialismo perdió elecciones
legislativas, y de forma muy similar a las presidenciales del 2015 (donde también perdió el oficialismo). Pero en peor situación que en los comicios de 2003, 2005, 2007, 2011 y 2017.
 
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