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Martes 29 de septiembre de 2020

El Director de Recursos Naturales del Ministerio de Desarrollo y Ambiente de la provincia de Formosa, el ingeniero Franco Del Roso, criticó el accionar de Don Cury, el hombre que convive con los carpinchos. Según el funcionario le dijo a este medio que “e

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El “vamos por todo” de Cristina  Kirchner ahora es contra el PresidenteEl “vamos por todo” de Cristina Kirchner ahora es contra el PresidenteCristina Kirchner ha comenzado a desplegar su liderazgo a través de una auditoría obsesiva de las decisiones administrativas de Alberto Fernández.
Ese control se ejecuta a través de prohibiciones que dinamitan los acuerdos alcanzados por el Gobierno en los más diversos campos de la vida pública. Es un regreso a la consigna “vamos por todo”. Pero ahora no se trata de la convocatoria a una expansión. El movimiento es hacia adentro. Centrípeto.

La vicepresidenta tiende un cerco cada vez más estrecho alrededor del Presidente. Los teóricos debatirán si esta dinámica no era inexorable. Si no estaba cifrada en el lanzamiento de Fernández como candidato, a través de un expeditivo mensaje de voz. Para la política el problema es más urgente.

Como Martín Guzmán y Miguel Pesce explicaron en su carta a Kristalina Georgieva, el país se interna en una recesión cada vez más dolorosa, mientras en el puente de comando pelean a los manotazos por el dominio del timón.

La búsqueda de una salida para Vicentin, el acuerdo de precios con las empresas de telecomunicaciones, la negociación tarifaria con las de distribución eléctrica, el entendimiento para sancionar una ley para la economía del conocimiento, las tratativas con las empresas constructoras que no pueden cumplir con los contratos de participación público-privada (PPP) son algunos ejemplos de la facilidad con la que, desde la presidencia del Senado, se vetan decisiones del Poder Ejecutivo. La señora de Kirchner impone conflictos a Fernández allí donde él ensaya una fórmula de paz.

Ninguna impugnación fue tan significativa como la que la vicepresidenta lanzó contra la reforma judicial. Se trata del proyecto al que Fernández concedió más importancia desde que asumió la presidencia. Le dedicó pasajes enteros de su discurso inaugural y también del que pronunció en la apertura del Congreso. Sin embargo, ella aclaró que no es una reforma. Que reformas solo hay dos. Una, la que ella promovió, intentando atar la integración del Consejo de la Magistratura a las elecciones presidenciales. La otra fue, según la misma taxonomía, la que habría realizado, de facto, Mauricio Macri, para perseguirla a ella, a sus funcionarios y a algunos empresarios amigos.

Para aceptar este sarcasmo hay que olvidar demasiadas cosas. Entre ellas, las decenas de millones de dólares acumulados por una legión de funcionarios, que incluyen a modestos secretarios privados. No es el único defecto de la coartada de la señora de Kirchner. Sus reproches hacia Macri ocultan que la principal disputa política que rodeó a su peripecia judicial fue con sus compañeros de partido. La vicepresidenta disimula algo que, sin dudas, sabe: el estímulo faccioso que puede sospecharse detrás de algunas decisiones judiciales provino más de la interna del PJ que de la Casa Rosada.

Ella no ignora, por ejemplo, que Sergio Massa ha tenido una proximidad a Comodoro Py muy superior a la de Macri. Massa: el aliado de Margarita Stolbizer, autora de libros implacables contra la corrupción del kirchnerismo. Cristina Kirchner finge desconocer estos pormenores. Y hace bien. Porque en ellos aparece el rasgo más mortificante de su “genial” jugada para regresar el poder: debió allanarse a Alberto Fernández, que la denostó durante nueve años, y a Massa, que se comprometió ante sus seguidores a meterla presa.

La descalificación al proyecto judicial de Fernández es más agresiva por su oportunidad. La vicepresidenta dice que no es una reforma en el momento en que su ahijado trata de evitar una derrota en la Cámara de Diputados. Consciente de ese riesgo, el Presidente trata de saltar el corralito en el que lo va encerrando su vice. El viernes, invitó a almorzar a Martín Lousteau y a Enrique Nosiglia a la residencia de Olivos.

Los esperó con Eduardo Valdés, uno de sus principales gestores políticos. Lousteau y Nosiglia integran la conducción de la UCR porteña. Ambos son aliados de Horacio Rodríguez Larreta, que no fue ajeno a estas conversaciones. Horas antes del encuentro, Fernández había hablado con él, una vez más, para rescatar la reforma judicial. Ya se habían producido otros contactos. Julio Vitobello, el secretario general de la Presidencia, conversó con Alfredo Cornejo, el presidente de la UCR. El nexo entre ellos fue el senador Julio Cobos.

Fernández no tramita una agenda precisa. Tiende cabos. Sin embargo, la operación legislativa de la reforma está en todas las conversaciones. La expectativa del Presidente, procrastinador empedernido, es postergarla una quincena. Desde Juntos por el Cambio le explican que, si al cabo de ese lapso, no ofrece modificaciones, la demora sería ociosa. Es una solicitud capciosa. En la oposición saben que el problema no es el texto de la ley, que, por otra parte, se parece al que había imaginado Germán Garavano.

La dificultad es el contexto: la discusión de traslados judiciales que se realizaron según directivas de la Corte, el hostigamiento al procurador Eduardo Casal, las versiones sobre una ampliación del tribunal supremo, la comisión Beraldi. A propósito de sus miembros, el Presidente aclara: “A Beraldi lo invité yo.

Y Cristina está fastidiada porque la culpan a ella”. Colaboradores estrechos de Fernández dan la misma versión: “Tuvo un arrebato, como suele ocurrir cuando siente que la prensa o la oposición le quieren marcar la cancha”. Le alcanzaría con la vicepresidenta.

La declaración de Cristina Kirchner, denostando la reforma judicial y ensañándose con Macri, alejó las posiciones. En Juntos por el Cambio se dividen entre los que pretenden enterrar el proyecto con una votación y los que esperan que Fernández lo retire.

Es decir: nicho o tierra. La hipótesis de que navegue un par de meses a la espera de un cambio de clima no cosecha demasiadas adhesiones. Mientras tanto, el Presidente intentará seguir presionando, sobre todo a través de los gobernadores, para alcanzar los 3 o 4 votos que le faltan. Massa, responsable formal del resultado, tiene la excusa de que, en otro error incomprensible, nadie lo consultó antes de enviar la iniciativa.

Con independencia de estos avatares parlamentarios, es relevante registrar un fenómeno: en la oposición son cada vez más los que creen que, con un país que navega hacia el centro de la tormenta, debe haber un canal de diálogo con el Presidente. Y, contra lo que podría esperar una lectura convencional, esta estrategia es liderada por Elisa Carrió. Desde su retiro de Exaltación de la Cruz, Carrió sostiene, con una combinación de preocupación y sentido del humor:

Por Carlos Pagni

Comentarios (2)add
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Escrito por Mar , 30 de agosto de 2020, 19:51 hs.
Muy mal redactada la nota, el título no fue terminado de escribir y no se relaciona con el texto
...
Escrito por gilgamesh , 29 de agosto de 2020, 12:21 hs.
Y que tiene que ver don Cury con la vice?

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